5.- el peonaje femenino: iniciativa empresarial, servidumbre y proletarizaciónLas mujeres promovieron nuevas formas de sociabilidad popular y de expresión cultural. Se dedicaban al pequeño comercio. O si no, a la servidumbre.
Tuvieron una temprana audacia ‘política’ para reclamar sus derechos.
Los dos peonajes, femenino y masculino, se encontraron, pudiendo levantar familias populares completas, sedentarias y estables, familias proletarias. Se instalaron en los aduares africanos y en los conventillos.
Mujeres hacían tejidos (actividad campesina y luego también). Maquinas de coser. La descomposición de la economía campesina y de las artesanías que le estaban ligadas resquebrajó la base sobre las que las mujeres habían desarrollado relativa estabilidad. Se vieron obligadas a la servidumbre pre-industrial. Se vieron enfrentadas también al rapto y a la violación (se quedaban solas). Las mujeres desplazadas comenzaron a arrancharse donde mejor podían. Algunas levantaron un cuarto en el sitio o huerta de algún pariente. Otras arrendaron aposentos y vivieron del trabajo de sus manos. Otras pidieron limosna al estado. Como la gran mayoría de ellas se asentó en los suburbios de las grandes ciudades, rodearon las casas patriciales, que las llevaron a vivir la fase mas opresiva del peonaje femenino (1860).
El arranchamiento del peonaje femenino incrementó la penetración del comercio campesino.
Desigual distribución de la población femenina y masculina, generó emigración de mujeres a los distritos mineros y prácticas raras en los hombres.
Las mujeres se dedicaron al pequeño comercio y a los servicios de entretenimiento popular.
Las relaciones entre las mujeres y la policía no fueron apacibles.
Su actividad fue limitada (regatonas) por las autoridades, que las culpaban de la sociabilidad abierta de los suburbios. Las autoridades les quitaban a sus hijas.
Algunas conclusiones:
- Aunque el servicio domestico era asalariado en general era no remunerado, pues no permitía la vida independiente de las sirvientes
- No había un acuerdo de trabajo entre el amo y la sirviente. Se obtenía mediante forzamiento policial y judicial.
- Confiscación de niñas para servidumbre, sin consulta de las madres.
- Las niñas tenían valor comercial de traspaso, a modo de esclavitud
- La servidumbre se prolongaba por decisión del amo y /o autoridades.
- Castigos físicos y abusos
- Las mujeres quedaban embarazadas y eran echadas y vagaban. Sus hijas eran confiscadas y así seguía el ciclo…
- Sin embargo las mujeres no perdían su dignidad, seguían constituyendo centros de sociabilidad y atracción.
- El único oficio puertas afuera era el de lavandera, aun así recibían presión municipal.
Durante la primera mitad del siglo xix existieron dos formas de peonaje ilegal: la prostitución y la subversión pre-política. La primera se desarrolló junto con el crecimiento de los puertos vinculados al comercio exterior y con el surgimiento de campamentos mineros. La segunda forma fue la participación de la mujer de pueblo en las rebeliones de campesinos y peones, que primero de un modo delincuencial pre-político y después de modo político, se extendieron a todo lo largo del siglo xix.
Las mujeres no mostraron una actitud servil frente a los representantes del estado, pedían cosas de manera directa.
La proletarización industrial de la mujer de pueblo no erradicó su indigencia histórica, ni mejoró sustancialmente su status en la sociedad chilena. Peor aún: hacia 1910, estaba perdiendo también el rol que había desempeñado por siglos: el de eje de la economía y de la creatividad del pueblo.
Muchas relaciones de adulterio, debido a la flexibilidad de la conducta femenina y a la ausencia de los maridos.
Sin embargo, las parejas populares se regían por el respeto. En un plano general, las relaciones populares se sintieron distintas de la clase patricia. Es este plano de relaciones donde la verdadera moralidad del peonaje debe ser buscada. Pues fue aquí donde hallaron su identidad cultural y su cohesión comunitaria. Como también la fuerza colectiva para concertar acciones defensivas frente a las intrusiones del estado.
En la sociabilidad popular el código conductual regía sobre el conjunto del ‘bajo pueblo’, constituyendo una moralidad colectiva en la cual las mujeres, en especial, ‘las abandonadas’ desempeñaron un papel central, abierto, que hizo posible un entendimiento general de unos y otras y de todos los de abajo, hasta fundirse en un mismo agente social e histórico, perfectamente reconocible desde arriba, y sobre todo, desde fuera. Los extranjeros percibieron esto con especial nitidez.
La proletarización urbana e industrial de la mujer de pueblo tendió a encerrar las relaciones de pareja y la amplia fraternidad popular dentro de círculos urbanos cada vez más estrechos y materialmente putrefactos. Las relaciones de colaboración y conflicto se densificaron y comprimieron. Habiendo agotado el espacio y el paisaje, la opresión y la miseria penetraron más adentro, royendo en la conciencia misma de las masas comprimidas.