Desde el diván...

Sin impronta, no hay conocimiento.

¿Qué es un hecho social?

“Es un hecho social todo modo de hacer, fijo o no, que puede ejercer una coerción exterior sobre el individuo; o, también, que es general en todo el ámbito de una sociedad dada y que, al mismo tiempo, tiene una existencia propia, independiente de sus manifestaciones individuales”.

La denominación usada en la época es bastante imprecisa, pues generalmente con el término “hecho social”, se designan casi todos los fenómenos que ocurren en la sociedad, lo que no permitiría definir la sociología de la biología o la psicología, por ejemplo.

Durkheim especifica que habrían hechos que se diferenciarían de estas ciencias, definidos fuera de la conciencia individual, como el derecho y las costumbres. Estos tipos de conducta o de pensamiento no son sólo exteriores al sujeto, sino que están dotados de un poder coercitivo, se imponen a él. Es claro que el sujeto puede tratar de resistirse, por ejemplo, a las reglas del derecho, pero es en este instante donde éstas reaccionan, intentando impedir el hecho, de anularlo o restablecerlo a su forma normal.

Lo que constituye al hecho social, no son las individualidades, sino más bien las creencias, tendencias y prácticas del grupo tomado colectivamente. También podemos considerar el hecho del suicidio, la natalidad o el matrimonio, que desde luego tienen algo de social, pero también dependen en buena parte, de la constitución orgánica y psíquica del individuo y su realidad particular. Corresponden a lo que llama socio-psicológico, pues interesan al sociólogo, sin constituir el objeto inmediato de la sociología.

Está claro que existen hechos menos cristalizados que los mencionados, como los grandes movimientos que se producen en reacciones masivas, a estos el autor los denomina como “corrientes sociales”, pues no tienen como lugar de origen ninguna conciencia particular: es una resultante de la vida común, un producto de las acciones y reacciones que se entablan entre las conciencias individuales.

Menciona la educación como una experiencia característica del hecho social, pues consiste en un esfuerzo continuo para imponer al niño modos de ver, sentir y obrar que no se le habrían ocurrido espontáneamente: tiene por objeto, precisamente, el hacer el ser social.

Un segundo carácter que destaca es el Derecho público, que modera las “maneras de ser” colectivas, pues determina las relaciones domésticas y civiles. Aunque menciona, que estas “maneras de ser”, serían en principio “maneras de hacer” consolidadas.

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