Desde el diván...

Sin impronta, no hay conocimiento.

Reglas relativas a la observación de los Hechos Sociales

Los hombres, antes de acercarse a la ciencia, siempre desarrollan una serie de reflexiones, comparaciones y otros procedimientos mentales con los objetos del mundo que les permiten tener una representación de éste; estas representaciones mentales les permiten a los hombres desarrollar un método para acercarse al mundo, con lo cual se genera la ciencia. Así, de acuerdo con Durkheim, la reflexión es anterior a la ciencia, que no hace sino servirse de ella con más método. Como las ideas parecen estar más cerca del hombre que las cosas del mundo de las cuales se forma una representación, el hombre se ve llamado más a hacer teorías y luego adecuar esta teoría a la realidad, que primero apreciar la realidad y luego formular teorías. Este sistema, de acuerdo a Durkheim, es contraproducente, pues obliga al individuo a hacer calzar la realidad a sus representaciones mentales. Este método es lo que se conoce como deducción. Las nociones formadas mediante la deducción no presentan una exactitud práctica más que en forma aproximada, y sólo en la generalidad de los casos, poniendo, por así decir, un velo entre las cosas y los hombres, que les oculta la realidad en la medida que resulta más transparente su presencia. Esta forma de ver el mundo y teorizar de los hombres, esta intrusión del “arte”, se da por las mismas circunstancias que facilitan el surgimiento de la reflexión científica, y actúa conforme a las inclinaciones naturales del hombre.

Estas nociones a las cuales nos hemos referido en el párrafo anterior se corresponden con los ídolos de Francis Bacon, que desfiguran el aspecto de las cosas y, que sin embargo, los hombres toman por las cosas mismas. Esto, de acuerdo a Durkheim, ha ocurrido en las ciencias naturales, y por ende, es muy probable que se traslade, como problema, a la sociología. ¿Por qué? Porque es sobre todo en la sociología donde los ídolos de Bacon están en la situación de dominar las inteligencias y de sustituir las cosas; las cosas sociales sólo se realizan por medio de los hombres, y por ende, parece que no son otra cosa que la ejecución de las ideas. Aunque los detalles (las formas concretas y particulares de la existencia colectiva) se substraen al conocimiento, al menos los hombres tienen una idea de los aspectos más comunes y generales de la misma, y es precisamente de esas representaciones de las que se sirve para los problemas corrientes de su vida. Quizá por eso, de acuerdo a Durkheim, la sociología ha tratado casi exclusivamente de conceptos y no se cosas, como por ejemplo los prehistóricos como Comte y Spencer. Comte, en primer lugar, declara que los hechos sociales son hechos naturales, y que por lo tanto son cosas. Hasta ahí va bien; sin embargo, luego, Comte dirige toda su atención hacia la evolución de las sociedades. Aquello no es correcto, porque un pueblo que reemplaza a otro no es meramente una prolongación de este último con características nuevas, sino que es distinto, es una individualidad totalmente nueva, con la cual no se puede seguir una serie única y unívoca. Por otro lado, Spencer deja de lado ese concepto de evolución, pero lo sustituye por otro: convierte a las sociedades, y no a la humanidad, en objeto de la ciencia; sólo que lo primero que hace es dar una definición de aquellas que hacen que desaparezca la cosa de la que habla para poner en su lugar el ídolo que él tiene. Para Spencer, una sociedad no existe hasta que cuando la cooperación se suma a la yuxtaposición y que esto es lo único que hace que la unión de los individuos se convierta en una sociedad propiamente dicha. Spencer, de acuerdo a Durkheim, comienza definiendo como una cosa lo que no es sino una concepción intelectual, pues la cooperación no es el elemento fundamental de la vida social a simple vista.

Con la crítica de los prehistóricos, Durkheim ataca indirectamente el paradigma de la deducción, que propone que además puede encontrarse en otras áreas del conocimiento como la ética, la economía política, la teoría económica del valor, etc.

Sin embargo, Durkheim también resalta que los fenómenos sociales son cosas y que por lo tanto deben ser tratados como cosas. A su vez, define lo que es cosa como todo lo que se da, se ofrece o más bien, se impone a la observación, y que por lo tanto da vuelta el método de la deducción y lo transforma en inducción. Así, los sujetos deben considerar los fenómenos sociales en sí mismo, independientes de las representaciones de ellos; es decir, hay que estudiarlos desde afuera, pues así se presentan a los hombres. Y, además, deben ser considerados como cosas hasta los fenómenos que más claramente parecen ordenamientos artificiales.

Esta reforma que Durkheim trata de imponer a la sociología es la misma que se ha llevado a cabo en psicología; ahora, de acuerdo al autor, el tránsito de la psicología es más complicado que el de la sociología, pues el objeto de estudio de la psicología es, precisamente, aquel conjunto de representaciones subjetivas del individuo. Así, Durkheim reconoce que la sociología presenta una seria ventaja respecto de su par, una ventaja que no ha sido observada y que debe propiciar su desarrollo, pues, si bien los hechos sociológicos son más difíciles de interpretar, también son más fácilmente accesibles.

El método que debe seguir la sociología, al modo de entender de Durkheim, es el que propone también Descartes. En primer lugar, hay que desechar sistemáticamente los ídolos, cosa que a modo de ver del autor es complicado por la tendencia eminentemente parcial de los propios investigadores. La forma de escapar de este problema es el definir bien los conceptos a utilizar, a fin de saber de qué se trata y que él mismo pueda conocerlo. Implícito ahí, se halla la regla de nunca tomar como objeto de investigación aquello que no se define, y de incluir en la misma investigación todos los casos que corresponden con la definición.

Para concluir, Durkheim retoma la idea de una ciencia sociológica basada en el principio de la inducción, a través de la cual se recoge información de los hechos sociales, de las cosas, y luego se integran a modo de teorías.

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